martes, junio 08, 2010

Queréme.

5
Decíme que no soy yo el hombre al que amaste tu última noche, y sabré en la oscuridad y sin avisos encontrar la salida.
Sostené la mirada por sobre el discurso que oráste, y apagaré la luz antes que el foco se consuma.
Contemplá las piezas de tu ropa desparramadas en cada esquina, tentada con la idea de disfrazar tus caricias con la áspera tela de la indiferencia, y saltearé nuestra despedida para abrazar al silencio.
Acomodá tu pelo frente al espejo empañado evitando dilucidar el reflejo de mi desazón al observar tu vanidad impugna, y entenderé que mi ausencia es sumamente preciada.

O en cambio…

Hacé de cuenta que somos dos niños jugando en un nuevo parque por primera vez. Corré detrás de mí tratando de alcanzarme, y procuraré dejarme caer al suelo sin que lo notes solo para recibir tus cuidados y palabras de aliento promoviendo otra hora de impredecible algarabía.
Leéme todo texto que tengas en tu poder. No es necesario que pertenezcan a grandes autores de renombre, ilustrados en corrientes clásicas o vanguardias posmodernas y traducidos a cientos de idiomas alrededor del mundo. Contentáme con la numeración de un viejo boleto encontrado en el bolsillo trasero de tu pantalón o aquel volante que tomaste hoy por pena a la salida del trabajo mientras chocabas con los transeúntes.
Hacéme un dibujo en aquella servilleta abandonada sobre el cenicero. Es un papel que no pertenece al libro que escribimos pero que espera ser yuxtapuesto previo al índice que alguna vez ideamos. No requiero acuarelas ni pinceles, sólo los trazos justos y precisos que definan tu angustia, y la encuadraré para subastarla entre los negociantes del olvido.
Cerrá los ojos y robá mi calor. Tratá de poner tu mente en blanco y suelta tus brazos a los costados del cuerpo o, mejor aún, abrázame fuerte procurando no forzar mi hombro debajo de tu espalda. Olvidá luego colocar la alarma del despertador antes de dejarme cubrirte con las sábanas y desearte dulces sueños, y me aseguraré de ser el primero en ver el sol para poder así observarte dormida.




viernes, junio 04, 2010

Despues.

3
¿Como es despertar si aun no cerraste los ojos?
La charla era amena, celebraban entre risas el primer logro en conjunto.
El jugaba con las bromas a no decir la verdad.
Ella sabia, lo sospechaba y confirmaba

¿Como seguir callando lo que guardaste o creíste saber guardar durante mucho tiempo?
El escuchaba el disco que le hacia recordar
Ella se bañaba tarareando un nuevo tema
El la esperaba husmeando el recuerdo
Ella recuerda superando la bronca ya masticada
El creyó en su propio arrepentimiento.

¿Cómo hacer para no seguir callando?
A él, algo le esta pasando
Pero ella jamás se daría cuenta.
¿o si?
Ella lo invita a ver su fruta desde lejos
El no distingue entre colores el pomelo
El calla y observa, y entonces sucede...

Y ahora. . . ¿Cómo hacer para detenerse?
Ella transforma lo que lee en una delicada sonrisa
de esas que te hacen delirar por momentos.
No hubo más esos silencios incómodos tantas veces buscados
ya no tenían mas discusiones por descubrir
El miró su obra algo extrañado y solo suspiró recorrió con la mirada toda la habitación buscando testigos no mas fantasmas, definitivamente no había mas lugar para ellos.
Ella seguía allí dosificando mas ese instante con esa extraña mezcla de dulzura.

Y se deseó hasta una maquina del tiempo

Pero ya todo tenia que terminar
Era demasiada realidad para una de esas madrugadas de insomnio.
El ya no supo mas ni siquiera donde estaba parado
Ella termino todo ese mundo construido ladrillo por ladrillo con un agridulce:
-“Me caes bien”..

Y todo lo hermoso se volvió una filosa daga que supo incrustarse en el profundo de su corazón..
Su mañana mas difícil recién empezaba, pero que le importaba eso a su mirada que se levantaba por enésima vez, ya lo había leído antes y lo volvia a recordar: *"todo fracaso precede al triunfo".


martes, junio 01, 2010

Su escrito...

6
Llegó a su casa, encendió el reproductor de su computadora y empezó a ver sus fotos, a admirarla desde lejos, desde una posición que hace mucho había empezado a detestar.
Se detuvo porque el alerta de -conectada- titilaba y empezó a dominar su temor. Después de unos minutos hablaron, pero esta vez fue diferente. Pedro había tomado la enorme decisión de confesarle todo lo callado hasta ese momento. No le importaba su actual fuckin' estado sentimental, le corrió un leve frio por el cuerpo y se atrevió. Cobardemente no quiso llamarla, ni le dio tiempo a alguna respuesta. Solo llenó la ventana de charla de su tan esperada (por el) confesión.
Después de la descarga, la respuesta fría de Sofía solo pasó a ser estado: Desconectado.
Para sorpresa, o no, de él; había un nuevo correo en su bandeja de entrada.
Asunto: ¿Nuestra historia?

Era enero y ya habían pasado varios días en los que ese “lo imposible solo tarda un poco más” yacía inerte en el fondo de su lista de contactos. Era lo mejor de ese resto, de “su resto”.
Sin embargo en su cabeza rondaba la idea de que si lo imposible iba a aparecer algún día confirmando la ilusión de lo posible. Cuando creés que algo llega y al rato lo hace para volver a partir, nunca terminás de alcanzarlo. Simplemente sentís esa extraña sensación de extrañar y así verte más vivo.
Eso es lo que su cuerpo de violentas mariposas percibía de sobra, aparentemente. Su “web-love” era un mapa de libertad trazado en todos los recovecos de su persona. Sucesión de pensamientos calculados y no mal pensados, insolentes pero pasionales.
No se conocían o sí, ¿quién podía determinarlo?. Solo creían en ese encuentro imaginario que cultivándose por un tiempo finalmente se concretaría. La fantasía nos lleva a un terreno de lo inalcanzable pero posible, donde voy y vengo, me acomodo o me desacomodo, donde el libre albedrío de ideas hacen un festín.
Volvemos a la realidad y los amores imposibles están ahí.
Era su amor imposible pero, por un momento, la realidad transportó su ser a un banco frente al muro que separaba al parque con los demas, su cabeza concentrada en la lectura de un libro que ya no recuerda de qué trataba, pero que seguramente habría sido la lectura más reconfortante y eterna a la vez.
Un “ya estoy muy cerca tuyo” los vio mirarse el uno al otro a distancia, sus pasos seguros, tanto como sus miradas. “Esa” mirada no la olvidaría jamás, cristalina y efervescente, tierna e intimidante, esa mirada... Espejo de su ser floreciendo con cada destello de su retina.
Y ahí creyó saberlo y sentirlo todo.
Sus ojos no podían mirar “esos” ojos, su corazón estallaba, todo había concluido con un gran beso siendo las papas fritas y un vaso de Coca sus espectadoras.
Quedaría cristalizada esa imagen en lo que, mas adelante, diría “no entendías mi incomodidad porque nunca supiste lo que en mí generabas. No podía nada, porque vos eras mi todo”.
Y luego, vino la confusión que todos conocemos; también vino su partida.

Su viaje se llevaría la rabia,
los malos entendidos
también sus palabras,
las imágenes,
trozos de canciones,
esos juegos ocultos,
la complicidad,
las sonrisas,
los silencios y
todo eso que los hacía ser.

En una madrugada de día de semana con la jornada laboral alcanzándoles los párpados cansados, se llevaría ese amor idiota recreado en su cabeza pensando que llegaría a tiempo lo imposible retrasado. Recordaría además que ambos no volverían a ser los de antes y es que ya hace meses que sigue en el fondo de sus contactos como si el frío hubiese congelado la escena y su mirada hubiese penetrado ese nombre y apellido que sigue ahí, sin movimiento.
Alguien dijo que la cabeza tiembla cuando el corazón late. Pero el cuerpo también se desvanece con cada partida, con cada amor, con cada frustración…
Buenas noches y hasta luego.

Después todo fue silencio y gris para él.
Pedro y Sofía, esta vez jamás fueron Pedro y Sofía.